EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS
"Soy un soldado, los soldados luchan en la guerra" "Eso no es una guerra" grita desesperadamente la madre del protagonista ante la inútil autodefensa de sus acciones que realiza el padre en su papel de comandante del campo de concentración.
Reconozco no haber leído el best seller de John Boyne, éxito literario (sobre todo entre la población más joven, cosa que aplaudo enérgicamente) que ha sido llevado al cine con bastante fidelidad (según comentan los que han disfrutado de las dos versiones de la historia) por parte del director inglés Mark Herman, al que yo recuerdo especialmente por la genial (ir al videoclub o al tío Ares) "Tocando el viento" y su inolvidable versión de viento del concierto de aranjuez del maestro rodrigo.
La película nos sitúa en Berlín, 1942. Bruno tiene nueve años y desconoce el significado de la Solución Final y del Holocausto. No es consciente de las pavorosas crueldades que su país, en plena guerra mundial, está infligiendo a los pueblos de Europa. Todo lo que sabe es que su padre -recién nombrado comandante de un campo de concentración- ha ascendido en su trabajo, y que ha pasado de vivir en una confortable casa de Berlín a una zona aislada. Todo cambia cuando conoce a Shmuel, un niño judío que vive una extraña existencia paralela al otro lado de la alambrada.
La película sin ser nada especial, consigue atraparte en la historia, si bien este puede ser un juicio personal, ya que reconozco que siento una insaciable curiosidad por el holocausto judío, tal vez porque no puedo comprender que algo así pasara en una sociedad de la que formaban parte mis abuelos, es decir, hace apenas 60-70 años. Busco en cada libro, en cada película, en cada artículo algo que jamás encontraré, la razón que llevó a un pueblo a seguir a ciegas los mandatos y designios de un solo hombre.
Volviendo a la película, lo más destacable sin lugar a dudas es la actuación de los niños, los cuáles conectan perfectamente con la idea principal que nos intentan transmitir Boyne y Herman, la inocencia ante la barbarie.
Por último, si como yo eres de que los que has ido a verla o vas a ir sin haber leído el libro, seguramente seas más afortunado que el que lo haya hecho, ya que el final me impactó y emocionó por partes iguales, algo que lógicamente con la lectura de la historia jamás me hubiera ocurrido.
Nos vemos en el cine
Un abrazo
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